- Los seres humanos con frecuencia cometemos el error de decidir por los demás o creer que sabemos lo que otros piensan o sienten...
Duermo para en ti soñar, con la noche por testigo
no te miento cuando digo, que este amor es de verdad
te quiero sin importar, lo que la historia decida
que por ti daría la vida, nunca vayas a dudar.
Y es tan sólo por amor, que no quiero hacerte daño
ni causarte algún dolor, créeme que será mejor
si no digo que te amo...
Porque tengo el corazón equivocado por quererte demasiado
sin que seas para mi, porque sigo siendo así
mismo tonto enamorado, que a su amor verá callado
sólo por verte feliz si es con él y no a mi lado
Ni contigo ni sin ti.
Duele tanto la verdad, vivo en la melancolía
al saber que no eres mía, y siempre en mente estar
no falta sinceridad, ni es cuestión de cobardía
lo que siento intentaría, pero sé que te hago mal.
Y es tan sólo por amor, que no quiero hacerte daño
ni causarte algún dolor, lo que hago es lo mejor
si no digo que te amo.
Por que tengo el corazón equivocado por quererte demasiado
sin que seas para mi, porque sigo siendo así
mismo tonto enamorado, que a su amor verá callado
sólo por verte feliz si es con él y no a mi lado
Ni contigo ni sin ti.
Y es que tengo el corazón equivocado por quererte demasiado
sin que seas para mi, porque sigo siendo así
ese tonto enamorado, que a su amor verá callado
sólo por verte feliz si es con él y no a mi lado
Ni contigo ni sin ti
Friday, June 10, 2011
Thursday, June 9, 2011
Aquello que me diste
Alejandro Sanz
-Una de mis canciones favoritas-
Inmensas tempestades, tu mano y la mia.
Tienes algo... no se que es.
Hay tanto de melódico en tu fantasía...
Y un toque de misterio, mi limite.
Conservo algún recuerdo que no debería,
Lo se ¿que puedo hacer?
A todos nos ocurre: la monotonía
Nos gana la batalla alguna vez.
Ninguna vez, alguna vez, alguna vez...
Por eso, vida mía, por el día a día,
Por enseñarme a ver el cielo más azul,
Por ser mi compañera y darme tu energía;
No cabe en una vida mi gratitud
Por aguantar mis malos ratos y manías,
Por conservar secretos en ningún baúl,
Quiero ser por una vez,
Capaz de ganar y de perder.
Perdona si me ves perder la compostura.
En serio, te agradezco que hayas sido mía.
Si vez que mi canción acaso no resulta,Avísame y recojo la melancolía..., melancolía.
Te dejare una ilusión,
Envuelta en una promesa de eterna pasión;
Una esperanza pintada en un mar de cartón;
Un mundo nuevo que sigue donde un día lo pusiste.
Tu eres esa mujer
Por quien me siento ese hombre capaz de querer,
Viviendo cada segundo la primera vez,
Sabiendo que me quisiste
Y todo aquello que me diste.
Conserva mi recuerdo de piratería
Derrama los secretos: abre aquel baúl.
Sigamos siendo cómplices en compañía,
De aquello que me diste bajo el cielo azul.
Por aguantar mis malos ratos y manías,
Por conservar secretos que me guardas tu.
Quiero ser por una vez,
Capaz de ganar y de perder.
Perdón si alguna vez guarde la compostura.
No sabes lo que ha sido que hayas sido mía.
Comprendo que agotaste toda tu dulzura,
Pero no me pidas, niña,
La melancolía..., melancolía.
Te dejare una ilusión,
Envuelta en una promesa de eterna pasión;
Una esperanza pintada en un mar de cartón;
Un mundo nuevo que sigue donde un día lo pusiste.
Tu eres esa mujer
Por quien me siento ese hombre capaz de querer,
Vivo cada segundo la primera vez,
Sabiendo que me quisiste
Y todo aquello que me diste.
... un mundo nuevo que sigue
Donde un día lo pusiste.
Tu eres esa mujer
Por quien me siento ese hombre capaz de querer,
Sabiendo que me quisiste
Y todo aquello que me diste.
-Una de mis canciones favoritas-
Inmensas tempestades, tu mano y la mia.
Tienes algo... no se que es.
Hay tanto de melódico en tu fantasía...
Y un toque de misterio, mi limite.
Conservo algún recuerdo que no debería,
Lo se ¿que puedo hacer?
A todos nos ocurre: la monotonía
Nos gana la batalla alguna vez.
Ninguna vez, alguna vez, alguna vez...
Por eso, vida mía, por el día a día,
Por enseñarme a ver el cielo más azul,
Por ser mi compañera y darme tu energía;
No cabe en una vida mi gratitud
Por aguantar mis malos ratos y manías,
Por conservar secretos en ningún baúl,
Quiero ser por una vez,
Capaz de ganar y de perder.
Perdona si me ves perder la compostura.
En serio, te agradezco que hayas sido mía.
Si vez que mi canción acaso no resulta,Avísame y recojo la melancolía..., melancolía.
Te dejare una ilusión,
Envuelta en una promesa de eterna pasión;
Una esperanza pintada en un mar de cartón;
Un mundo nuevo que sigue donde un día lo pusiste.
Tu eres esa mujer
Por quien me siento ese hombre capaz de querer,
Viviendo cada segundo la primera vez,
Sabiendo que me quisiste
Y todo aquello que me diste.
Conserva mi recuerdo de piratería
Derrama los secretos: abre aquel baúl.
Sigamos siendo cómplices en compañía,
De aquello que me diste bajo el cielo azul.
Por aguantar mis malos ratos y manías,
Por conservar secretos que me guardas tu.
Quiero ser por una vez,
Capaz de ganar y de perder.
Perdón si alguna vez guarde la compostura.
No sabes lo que ha sido que hayas sido mía.
Comprendo que agotaste toda tu dulzura,
Pero no me pidas, niña,
La melancolía..., melancolía.
Te dejare una ilusión,
Envuelta en una promesa de eterna pasión;
Una esperanza pintada en un mar de cartón;
Un mundo nuevo que sigue donde un día lo pusiste.
Tu eres esa mujer
Por quien me siento ese hombre capaz de querer,
Vivo cada segundo la primera vez,
Sabiendo que me quisiste
Y todo aquello que me diste.
... un mundo nuevo que sigue
Donde un día lo pusiste.
Tu eres esa mujer
Por quien me siento ese hombre capaz de querer,
Sabiendo que me quisiste
Y todo aquello que me diste.
Carta
Juan de Dios Peza
- Hace años leí un libro en el cual se incluye un fragmento de este poema-
Con letras ya borradas por los años,
en un papel que el tiempo ha carcomido,
símbolo de pasados desengaños,
guardo una carta que selló el olvido.
La escribió una mujer joven y bella.
¿Descubriré su nombre? ¡ No, no quiero!
pues siempre he sido, por mi buena estrella,
para todas las damas caballero.
¿Qué ser alguna vez no esperó en vano
algo que, si se frustra, mortifica?
Misterios que al papel lleva la mano,
El tiempo los descubre y los publica,
Aquellos que juzgáronme felices
en amores; que halagan mi amor propio,
aprendan de memoria lo que dice
la triste historia que a la letra copio:
“Dicen que las mujeres sólo lloran
cuando quieren fingir hondos pesares,
los que tan falsa máxima atesoran,
muy torpes deben ser o muy vulgares.
Si cayera mi llanto hasta las hojas
donde temblando está la mano mía,
para poder decirte mis congojas,
con lágrimas mi carta escribiría.
Mas si el llanto es tan claro que no pinta,
y hay que usar de otra tinta más obscura,
la negra escogeré, porque es la tinta
donde más se refleja mi amargura.
Aunque no soy para soñar esquiva
sé que para soñar nací despierta.
Me he sentido morir, y aún estoy viva;
Tengo ansias de vivir, y ya estoy muerta.
Me acosan del dolor fieros vestigios.
¡Qué amargas son las lágrimas primeras!
Pesan sobre mi vida veinte siglos,
y apenas cumplo veinte primaveras.
En esta horrible lucha en que batallo,
aun cuando débil tu consuelo imploro,
quiero decir que lloro y me lo callo,
y más risueña estoy cuando más lloro.
¿Por qué te conocí? Cuando temblando
de pasión, sólo entonces no mentida,
me llegaste a decir: ¡ te estoy amando
con un amor que es vida de mi vida!
¿Qué te respondí yo? Bajé la frente;
triste y convulsa, te estreché la mano,
porque un amor que nace tan vehemente,
es natural que muera muy temprano.
Tus versos para mí conmovedores
los juzgué flores puras y divinas,
olvidando, insensata, que las flores
todo lo pierden, menos las espinas.
Yo, que como mujer, soy vanidosa,
me vi feliz creyéndome adorada,
sin ver que la ilusión es una rosa
que vive solamente una alborada.
¡Cuántos de los crepúsculos que admiras,
pasamos entre dulces vaguedades,
las verdades juzgándolas mentiras,
las mentiras creyéndolas verdades!
Me hablabas de tu amor, y absorta y loca,
me imaginaba estar dentro de un cielo,
y al contemplar tus ojos y tu boca
tu misma sombra me causaba celo.
Al verme embelesada al escucharte,
clamaste,-aprovechando mi embeleso-,
“Déjame arrodillar para adorarte”,
y al verte de rodillas te di un beso.
Te besé con arrojo, no se asombre
un alma escrupulosa o timorata:
la insensatez no es culpa. Besé a un hombre,
porque toda pasión es insensata.
Debo aquí confesar que un beso ardiente,
aunque robe la dicha y el sosiego,
es el placer más grande que se siente
cuando se tiene un corazón de fuego.
Cuando toqué tus labios fue preciso
soñar que aquel placer se hiciera eterno.
Mujeres: es el beso un paraíso
por donde entramos muchas al infierno.
Después de aquella vez, en otras muchas,
apasionado tú, yo enternecida,
quedaste vencedor en esas luchas
tan dulces en la aurora de la vida.
¡Cuántas promesas, cuántos devaneos!
El grande amor con el desdén se paga;
toda llama que avivan los deseos,
pronto encuentra la nieve que la apaga.
Te quisiera culpar y no me atrevo;
es, después de gozar, justo el hastío;
yo, que soy un cadáver que me muevo,
del amor de mi madre desconfío.
Me engañaste, y no te hago ni un reproche,
era tu voluntad y fue mi anhelo;
reza, dice mi madre, en cada noche;
y tengo miedo de invocar al cielo.
Pronto voy a morir; esa es mi suerte.
¿Quién se opone a las leyes del destino?
Aunque es camino obscuro el de la muerte,
¿quién no llega a cruzar, ese camino?
En él te encontraré; todo derrumba
el tiempo, y tú caerás bajo su peso:
tengo que devolverte en ultratumba
todo el mal que me diste con tu beso.
¿Mañana he de vivir en tu memoria?
En aquella región quizá sombría
mostrar a Dios podremos nuestra historia.
Adiós... Adiós... hasta el terrible día.
Leí estas líneas y en eterna ausencia
esa cita fatal vivo esperando...
Y sintiendo la noche en mi conciencia,
guardé la carta y me quedé llorando.
- Hace años leí un libro en el cual se incluye un fragmento de este poema-
Con letras ya borradas por los años,
en un papel que el tiempo ha carcomido,
símbolo de pasados desengaños,
guardo una carta que selló el olvido.
La escribió una mujer joven y bella.
¿Descubriré su nombre? ¡ No, no quiero!
pues siempre he sido, por mi buena estrella,
para todas las damas caballero.
¿Qué ser alguna vez no esperó en vano
algo que, si se frustra, mortifica?
Misterios que al papel lleva la mano,
El tiempo los descubre y los publica,
Aquellos que juzgáronme felices
en amores; que halagan mi amor propio,
aprendan de memoria lo que dice
la triste historia que a la letra copio:
“Dicen que las mujeres sólo lloran
cuando quieren fingir hondos pesares,
los que tan falsa máxima atesoran,
muy torpes deben ser o muy vulgares.
Si cayera mi llanto hasta las hojas
donde temblando está la mano mía,
para poder decirte mis congojas,
con lágrimas mi carta escribiría.
Mas si el llanto es tan claro que no pinta,
y hay que usar de otra tinta más obscura,
la negra escogeré, porque es la tinta
donde más se refleja mi amargura.
Aunque no soy para soñar esquiva
sé que para soñar nací despierta.
Me he sentido morir, y aún estoy viva;
Tengo ansias de vivir, y ya estoy muerta.
Me acosan del dolor fieros vestigios.
¡Qué amargas son las lágrimas primeras!
Pesan sobre mi vida veinte siglos,
y apenas cumplo veinte primaveras.
En esta horrible lucha en que batallo,
aun cuando débil tu consuelo imploro,
quiero decir que lloro y me lo callo,
y más risueña estoy cuando más lloro.
¿Por qué te conocí? Cuando temblando
de pasión, sólo entonces no mentida,
me llegaste a decir: ¡ te estoy amando
con un amor que es vida de mi vida!
¿Qué te respondí yo? Bajé la frente;
triste y convulsa, te estreché la mano,
porque un amor que nace tan vehemente,
es natural que muera muy temprano.
Tus versos para mí conmovedores
los juzgué flores puras y divinas,
olvidando, insensata, que las flores
todo lo pierden, menos las espinas.
Yo, que como mujer, soy vanidosa,
me vi feliz creyéndome adorada,
sin ver que la ilusión es una rosa
que vive solamente una alborada.
¡Cuántos de los crepúsculos que admiras,
pasamos entre dulces vaguedades,
las verdades juzgándolas mentiras,
las mentiras creyéndolas verdades!
Me hablabas de tu amor, y absorta y loca,
me imaginaba estar dentro de un cielo,
y al contemplar tus ojos y tu boca
tu misma sombra me causaba celo.
Al verme embelesada al escucharte,
clamaste,-aprovechando mi embeleso-,
“Déjame arrodillar para adorarte”,
y al verte de rodillas te di un beso.
Te besé con arrojo, no se asombre
un alma escrupulosa o timorata:
la insensatez no es culpa. Besé a un hombre,
porque toda pasión es insensata.
Debo aquí confesar que un beso ardiente,
aunque robe la dicha y el sosiego,
es el placer más grande que se siente
cuando se tiene un corazón de fuego.
Cuando toqué tus labios fue preciso
soñar que aquel placer se hiciera eterno.
Mujeres: es el beso un paraíso
por donde entramos muchas al infierno.
Después de aquella vez, en otras muchas,
apasionado tú, yo enternecida,
quedaste vencedor en esas luchas
tan dulces en la aurora de la vida.
¡Cuántas promesas, cuántos devaneos!
El grande amor con el desdén se paga;
toda llama que avivan los deseos,
pronto encuentra la nieve que la apaga.
Te quisiera culpar y no me atrevo;
es, después de gozar, justo el hastío;
yo, que soy un cadáver que me muevo,
del amor de mi madre desconfío.
Me engañaste, y no te hago ni un reproche,
era tu voluntad y fue mi anhelo;
reza, dice mi madre, en cada noche;
y tengo miedo de invocar al cielo.
Pronto voy a morir; esa es mi suerte.
¿Quién se opone a las leyes del destino?
Aunque es camino obscuro el de la muerte,
¿quién no llega a cruzar, ese camino?
En él te encontraré; todo derrumba
el tiempo, y tú caerás bajo su peso:
tengo que devolverte en ultratumba
todo el mal que me diste con tu beso.
¿Mañana he de vivir en tu memoria?
En aquella región quizá sombría
mostrar a Dios podremos nuestra historia.
Adiós... Adiós... hasta el terrible día.
Leí estas líneas y en eterna ausencia
esa cita fatal vivo esperando...
Y sintiendo la noche en mi conciencia,
guardé la carta y me quedé llorando.
Nocturno... a Rosario
Manuel Acuña
-Se dice que el escritor se suicidó por una mujer casada a quien escribió este poema-
Pues bien, yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.
De noche cuando pongo mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho y al fin de la jornada
las formas de mi madre se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.
A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga con este corazón!
Y luego que ya estaba concluido el santuario,
la lámpara encendida tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...
Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas las esperanzas mías;
que están mis noches negras, tan negras y sombrías
que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.
¡Que hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola, los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Díos!
¡Figúrate qué hermosas las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida,
y al delirar en eso con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.
Bien sabe Díos que ése era mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Díos que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores,
mi mira de poeta, mi juventud, adiós!
** No poseo los derechos ni del poema ni de la imagen.**
Poema 20
Pablo Neruda
(Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada)Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
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